Un viernes de junio de 2012, en el Palacio Miramar (Donostia), Sabino Ayestarán, catedrático emérito de la Universidad del País Vasco (EHU), fallecido en 2020, leyó ante los asistentes al Curso de Verano “Perdonar para vivir” una extensa carta. El escrito, fechado unos días antes, había sido redactado por José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, antiguo dirigente de la banda terrorista ETA desvinculado de la organización desde 1997, quien en ese momento cumplía condena en la prisión de Martutene, a pocos kilómetros de allí. La polémica generada por su posible aparición pública en el curso llevó finalmente a que delegara la lectura del texto en otra persona. Apenas habían transcurrido ocho meses desde que ETA anunciara el fin de su violencia y veinte años desde que Álvarez Santacristina ingresara en prisión y firmara las siguientes palabras para que fueran reproducidas públicamente: “En la medida en la que, siendo en su día miembro de ETA, contribuí de un modo u otro a la perpetuación de dicha violencia, pido públicamente perdón de todo corazón y con toda la hondura de reflexión autocrítica
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